Hace un par de días terminé de leer el libro "Amar con los brazos abiertos" de Carmela Baeza. Fuera del contenido técnico, que es muy interesante, lo que verdaderamente llamó mi atención fue cómo se explica el momento del parto desde la perspectiva de la madre y del bebé, pero no médicamente hablando sino que desde una mirada natural, es decir, qué espera que suceda el bebé de forma natural al momento de llegar a este mundo y qué espera que pase la madre de forma natural cuando su hijo nazca. En resumen y muy brevemente lo que ambos esperan es estar uno con el otro, piel con piel, entregándose afecto, amor, calor y conociéndose a fondo. No necesitan médicos, ni un hospital que les cuide, si el nacimiento se diera en una selva lejos de los cuidados de la medicina, igualmente tendrían satisfechas sus necesidades y creo que mejor aún, vivirían su primer encuentro de forma natural sin interrupciones, a su propio ritmo, transformándose de a poco en un solo cuerpo y en un solo corazón.
Lo que vivimos en la actualidad en los hospitales y clínicas está tan lejos de esto que mientras leía me sentía profundamente indignada, apenada y enojada por no haberme enterado de estas cosas antes de planear tener un hijo. Cuando me dijeron que Mateo nacería por cesárea me molesté y frustré, pero me explicaron que era lo mejor para que él no sufriera daños, así que de inmediato dije que sí. En ese momento pensé en lo triste que sería no tenerlo de inmediato en mis brazos, pero nada más allá de eso, no sabía que esos 20 minutos que pasó separado de mí sin poder estar en mi pecho, sin poder tocarnos cuerpo a cuerpo, sin poder besarle con soltura, sin poder olerlo por completo, iba a implicar mucho para él, para mí y para nuestra relación de apego. Hoy estoy segura que debido a esos esenciales primeros minutos separados es que nuestra lactancia se vio altamente perjudicada, además de las miles de interrupciones que el proceso médico actual cometió en nuestro primer encuentro como madre e hijo, él esperaba mis brazos, calor y sentir que estaba protegido y seguro en esta llegada al nuevo mundo, no requería de las bruscas atenciones médicas, de la pesa, de la luz, de las manos extrañas, de las sábanas que lo protegen para dar calor, del gorrito, de la cuna para que espere mientras arreglan a mamá...nada de eso, todo eso podría haber esperado o haberlo hecho estando en el pecho de su madre.
Cuánta pena me da pensar en que Mateo se quedó dormido a los minutos de nacer no porque se sintiera seguro y tranquilo, sino porque al contrario, su organismo le indicó que como forma de defensa y protección para él permanecer vivo era mejor que cerrara los ojos y no se estresara más con los nuevos cambios, algo así como cuando usted y yo cerramos los ojos en un momento de tensión y respiramos profundo para no gritar o terminar enloqueciendo.
Ahora, día a día me esfuerzo por borrar toda consecuencia de aquél primer fatal encuentro que tuvimos con mi pequeño y le doy todos los brazos que quiera, toda la teta que necesita, todos los besos que desee y todo el tiempo que Dios me da para disfrutarlo. Yo amo a mi hijo con los brazos abiertos.