jueves, 21 de agosto de 2014

La solución de dar el pecho piel con piel


Cuando tenía problemas con la lactancia, específicamente con el agarre de mi guagua al pecho, buscaba muchas formas de mejorar esta situación, lo que más se repetía era alternar la posición en que daba pecho, fijarse que el bebé abriera bien la boca cubriendo la areola del pezón, labios evertidos, entre otras cosas. Probé con todo esto y claramente con el tiempo y mucha práctica tuve los resultados esperados, hoy soy casi completamente feliz dando pecho (casi porque aún tengo un par de molestias jeje).

Sin embargo, hubo momentos en donde ni el cambio de posición, ni calmarme, ni pasear a Mateo sirvieron para tener una buena toma, todo lo que intentaba resultaba en una situación estresante para él y para mí, ninguno disfrutaba y él claramente no se alimentaba correctamente. 

¿Qué hice en esos críticos momentos? practiqué algo muy simple y básico, me desnudaba completamente en la parte superior dejando mis brazos y pechos al aire libre y junto con eso, desvestía a mi pequeño dejándolo solo con el pañal. Me recostaba en el sillón en una posición semi reclinada y colocaba a mi hijo sobre mi pecho, así comenzaba una maravillosa instancia en donde nos encontrábamos mi bebé y yo tranquilos, solos, entregándonos calor, queriéndonos y generando la mejor de las atmósferas para que él buscara el pecho e hiciera un agarre que no dolía, que calmaba y que alimentaba. 

A veces no sabemos cómo hacer que nuestro hijo se calme y se agarre al pecho correctamente, a veces nuestro pequeño ya está demasiado alterado como para probar cambios de posiciones o verificar si la boca está bien abierta con labios evertidos y todos los otros detalles, a veces nosotras también estamos muy alteradas por no poder alimentar sin molestias  y porque nuestro chiquitito llora incansablemente. Cuando eso sucede, yo recomiendo buscar el apego piel con piel, nada calma más a nuestro hijo que estar pegados a nosotras, sintiendo nuestro calor y nuestro amor, puesto que estas cosas le dan seguridad y confianza de que allí está todo lo que necesitan. A partir de allí la lactancia se da sola, el bebé busca alimentarse, encuentra el pecho y comienza a succionar calmadamente porque sabe que su madre está ahí junto a él y que no se irá a ningún otro lado. 

Por último, recordar que el pecho no es solo fuente de alimentación, de pronto tu pequeño solo necesita saber que estás allí, necesita sentirse tranquilo y seguro a tu lado o quizás necesita sentirse fortalecido en un momento de enfermedad. En estos momentos también aprovecha tus pechos y tu piel para dar todo eso que ninguna otra técnica logró y disfruta de estar con tu pequeñito que tanto desea estar a tu lado.

domingo, 17 de agosto de 2014

Yo amo con los brazos abiertos



Hace un par de días terminé de leer el libro "Amar con los brazos abiertos" de Carmela Baeza. Fuera del contenido técnico, que es muy interesante, lo que verdaderamente llamó mi atención fue cómo se explica el momento del parto desde la perspectiva de la madre y del bebé, pero no médicamente hablando sino que  desde una mirada natural, es decir, qué espera que suceda el bebé de forma natural al momento de llegar a este mundo y qué espera que pase la madre de forma natural cuando su hijo nazca. En resumen y muy brevemente lo que ambos esperan es estar uno con el otro, piel con piel, entregándose afecto, amor, calor y conociéndose a fondo. No necesitan médicos, ni un hospital que les cuide, si el nacimiento se diera en una selva lejos de los cuidados de la medicina, igualmente tendrían satisfechas sus necesidades y creo que mejor aún, vivirían su primer encuentro de forma natural sin interrupciones, a su propio ritmo, transformándose de a poco en un solo cuerpo y en un solo corazón.

Lo que vivimos en la actualidad en los hospitales y clínicas está tan lejos de esto que mientras leía me sentía profundamente indignada, apenada y enojada por no haberme enterado de estas cosas antes de planear tener un hijo. Cuando me dijeron que Mateo nacería por cesárea me molesté y frustré, pero me explicaron que era lo mejor para que él no sufriera daños, así que de inmediato dije que sí. En ese momento pensé en lo triste que sería no tenerlo de inmediato en mis brazos, pero nada más allá de eso, no sabía que esos 20 minutos que pasó separado de mí sin poder estar en mi pecho, sin poder tocarnos cuerpo a cuerpo, sin poder besarle con soltura, sin poder olerlo por completo, iba a implicar mucho para él, para mí y para nuestra relación de apego. Hoy estoy segura que debido a esos esenciales primeros minutos separados es que nuestra lactancia se vio altamente perjudicada, además de las miles de interrupciones que el proceso médico actual cometió en nuestro primer encuentro como madre e hijo, él esperaba mis brazos, calor y sentir que estaba protegido y seguro en esta llegada al nuevo mundo, no requería de las bruscas atenciones médicas, de la pesa, de la luz, de las manos extrañas, de las sábanas que lo protegen para dar calor, del gorrito, de la cuna para que espere mientras arreglan a mamá...nada de eso, todo eso podría haber esperado o haberlo hecho estando en el pecho de su madre.

Cuánta pena me da pensar en que Mateo se quedó dormido a los minutos de nacer no porque se sintiera seguro y tranquilo, sino porque al contrario, su organismo le indicó que como forma de defensa y protección para él permanecer vivo era mejor que cerrara los ojos y no se estresara más con los nuevos cambios, algo así como cuando usted y yo cerramos los ojos en un momento de tensión y respiramos profundo para no gritar o terminar enloqueciendo.

Ahora, día a día me esfuerzo por borrar toda consecuencia de aquél primer fatal encuentro que tuvimos con mi pequeño y le doy todos los brazos que quiera, toda la teta que necesita, todos los besos que desee y todo el tiempo que Dios me da para disfrutarlo. Yo amo a mi hijo con los brazos abiertos.

martes, 5 de agosto de 2014

Colecho: lo mejor para él, para mamá y papá.


El colecho se refiere a la práctica de dormir con los hijos, ya sea en la misma cama, en una cama adosada a la de los papás, o una cuna especial para el colecho que tiene una apertura con acceso directo a la cama grande, o también una cuna convencional sin uno de los lados que se pueda pegar a la cama de los padres.


Cuando estaba embarazada e incluso antes de estarlo, pensaba que dormir con los hijos no era lo más adecuado porque creía en esto de que "los vas a malcriar" y "se acostumbrará y después no podrás sacarlo nunca". Frente a aquello yo moría de miedo de que luego de años mi hijo no quisiera salir nunca de nuestra cama, además de que quizás no iba a ser beneficioso para él ya que sería menos independiente.

Sin embargo, todas esas ideas se derrumbaron una vez que Mateo llegó a nuestras vidas. Las primeras noches en casa vivimos la experiencia de dejarlo dormir en la cuna y efectivamente él podría haberse acostumbrado a eso, pero para ello debíamos despertarnos dos veces, le cambiábamos pañal y había que darle pecho en un "turno" como le llamábamos y en el otro darle mamadera. A ese ritmo, llegaba la mañana y estábamos muertos de cansancio y sueño. Luego, me di cuenta de que podía darle pecho acostada (esto solo una vez que las heridas fueron sanando) y que esto me permitía dormir y no solo a mí, sino que también a mi esposo que no se tenía que levantar a preparar una mamadera o a pasearlo para luego acostarlo en su cuna. 

Hoy, con mucha alegría puedo decir que practicamos colecho, los tres dormimos muy bien, mi esposo no se tiene que ir a trabajar habiendo estado despierto casi toda la noche por el paseo o llantos de su hijo y yo no tengo que comenzar un nuevo día de crianza agotada sino que llena de energías y con muchas ganas de besar a mis dos hombrecitos, mi hombre grande y mi hombrecito pequeño.

A todas las mamás que me leen, a las que van a serlo y a los papás también, les invito a practicar el colecho, tomen todas las precauciones que consideren deban tomar, pero disfruten a sus hijos durmiendo con ellos, no solo fortalecerá el vínculo madre/padre-hijo sino que además será saludable para el descanso y bienestar físico-emocional de ustedes.

jueves, 31 de julio de 2014

Perseverar para amamantar

Jamás pensé que dar de amamantar a mi hijo podría llegar a ser tan complicado, durante el embarazo mi única preocupación fue el parto, me informé de muchos lados sobre cómo sería, pero nada de temas sobre lactancia materna, porque consideraba que era algo natural y sabría cómo hacerlo llegado el momento.

Como se imaginarán, llegado el momento el tema no fue tan natural ni funcionó como yo esperaba, las grietas aparecieron de inmediato, el uso de cremas y de luz infrarroja en la clínica fueron actividades diarias allí. Llegando a casa las cosas no mejoraron, sino al contrario, empeoraron, las heridas cada vez eran un poco más grandes y la sangre se me secaba en el roce con el sostén maternal y yo solo rogaba que Mateo no despertara tan luego para que mis pechos pudiesen descansar y yo no llorar. Desde el principio busqué información en internet y fue así que descubrí este maravilloso e inmenso mundo desconocido de la lactancia materna. Conocí sus beneficios, ventajas, el hecho de que todas las mujeres podemos amamantar, otros casos similares a los míos, posibles soluciones, etc. 

Cada vez que leía me animaba teniendo la esperanza de que llegaría el momento en que no me dolería más y disfrutaría de ese momento con mi hijo. Pero pasaban las semanas y nada funcionaba, ni el cambio de postura para mejorar el agarre, ni las cremas de lanolina o matico, ni el dejar secar los pechos con un poco de leche, tampoco las pezoneras, ya a esas alturas estaba cansada, pero no me quería rendir, en realidad NO NOS QUERÍAMOS RENDIR, porque mi esposo fue un gran apoyo en todo este proceso, él también luchaba porque tuviéramos una lactancia materna. 

La salvación por un tiempo fue el uso de extractor manual de leche, de esa forma podía darle unas mamaderas en el día donde mis pechos descansaban, pero no me salía suficiente leche, Mateo lloraba mucho así que pensábamos que quedaba con hambre, habían días en que no alcanzaba a extraerme y solo debía darle pecho. Un día de muchas heridas con sangramiento y sin poder extraerme (y mi hijito llorando incansablemente) le di leche de fórmula a mi hijo, lloré de decepción y de frustración, pero no podía hacer nada más en el momento. 

Cuando fuimos al médico, efectivamente Mateo estaba muriendo de hambre porque en 1 mes solo había subido 200 gramos de peso. Así que comenzamos con lactancia mixta: pecho, mamadera de leche extraída, mamadera de leche en fórmula. De esta forma sobrevivimos casi unas dos semanas hasta que ya me cansaba de extraerme leche y guardarla y todo ese trabajo, y dado que las heridas mejoraban pude darle solo pecho y leche de fórmula. Mi hijo comenzó a subir bien de peso y las mamaderas de fórmula las fuimos sacando, de 120 ml pasó a tomar 90 ml, de 4 mamaderas pasó a 3 y luego a 2. 

Entre medio consulté a una asesora en lactancia que me ayudó descubriendo que mi hijo tenía un grado de anquiloglosia, que es el frenillo sublingual corto, hay veces en que un corte de este basta para que todo mejore, en el caso de Mateo esto no era posible ya que el frenillo no se le veía, estaba oculto. La única alternativa era cambiar la postura de agarre para que tomara mejor el pecho y este se adecuara a su necesidad. Así lo hicimos y la situación fue mejorando, no rápidamente sino con constancia.

Al día de hoy, Mateo tiene 4 meses de edad y estamos casi logrando la lactancia materna exclusiva, solo pecho, digo casi porque este es el primer día en que experimento la lactancia exclusiva y no quiero adelantarme a los hechos, pero esto es una victoria! hoy no ha tomado mamaderas, solo pecho y está feliz, conversador, sonriente y dormilón como siempre!

Muchas veces leía testimonios así como el mío y pensaba "yo nunca lo lograré, quizás a mi ya no me funcionó", pero es mentira! sí se puede! pero hay que PERSEVERAR para amamantar. Tienes que luchar con tus molestias y dolores, con tus propias dudas, con los cuestionamientos del resto de las personas que te aconsejan dejar de dar pecho porque para eso está la fórmula, luchar con el cansancio de intentar una y otra cosa y que nada funcione, luchar, luchar y seguir luchando por ese objetivo tan maravilloso que es dar de amamantar a tu propio hijito dándole todo el amor que tienes y sintiendo que eres capaz de ser su única fuente de alimentación.

Es por esto que me sumo a la celebración de la semana mundial de la lactancia materna con el lema Un triunfo para toda la vida, porque eso es! es un triunfo lograrlo, es un triunfo tuyo y de tu hijo y de todos quienes directa o indirectamente te han apoyado en este proceso para que lo alcances.

¡¡FELÍZ SEMANA MUNDIAL DE LA LACTANCIA MATERNA!!

sábado, 19 de julio de 2014

Bienvenidos! 

 Lo primero que tengo para decir es ¡qué bueno que llegaste a mi blog! y ¡muchas gracias por leerlo! El objetivo de este blog es ser un sitio donde se puedan compartir experiencias sobre maternidad, lo que me ha pasado a mí al ser mamá, lo que te pasó a ti y lo que nos pasa diariamente con nuestros hijos, parejas y por supuesto con nosotras mismas! 

 Convertirse en madre es tan potente, no solo físicamente sino que en todo sentido, por lo que se hace realmente necesario contar con un espacio donde tú y yo (y muchas otras amigas espero!) compartamos lo que nos está pasando, expongamos nuestras dudas, opinemos sobre lo que nos parece adecuado y lo que no y expresemos abiertamente nuestras sensaciones como madres y mujeres. 

 Si algún hombre, sea papá o no, me lee, también lo invito a visitar este blog ya que es una gran oportunidad de ahondar en lo que significa ser mujer y madre en la actualidad, y sé que en la mayoría de los casos, cada hombre está rodeando de alguna mujer que estará realmente feliz de que tú como hombre te intereses en lo que le sucede. 

 Una vez más bienvenidos, y espero realmente ser de gran ayuda y apoyo para quienes me leen, deseo que mi experiencia sirva a muchas otras y que ustedes también me nutran con sus vivencias, porque en este eterno camino de ser mamá tengo dudas todos los días sobre un montón de cosas! 

 Cariños.